Un ebanista del siglo XV transformó un juego de jardín en el deporte de mesa más elegante de la historia.
La invención de la mesa de billar se atribuye a Henry Devigne, el ebanista de confianza del rey Luis XII de Francia (1462–1515). Fue él quien, comprendiendo el potencial del billar como pasatiempo refinado, diseñó en el año 1510 la primera mesa rectangular con tablero plano cubierto de fieltro verde, el mismo material que, siglos después, definiría la estética inconfundible de este deporte.
“Devigne transformó un juego de exteriores en una experiencia de interior digna de la nobleza.”
El billar no surgió en el vacío: antes de la mesa, existían juegos similares que apasionaban a la aristocracia europea. Uno de los más célebres era la shovel-board —conocida también como shovilla bourde—, que entusiasmaba al mismísimo Enrique VIII de Inglaterra (1491–1547). Estos antecedentes muestran que la necesidad de juegos de habilidad en espacios cerrados era una demanda real de la corte del siglo XVI.
A partir de ese período, el billar comenzó a consolidarse como juego de sociedad, arraigándose con especial fuerza en Inglaterra y Francia durante los siglos XVI y XVII. La precisión técnica, la elegancia de los movimientos y el componente estratégico lo convirtieron en símbolo de distinción y cultura.
Línea del tiempo

En la actualidad, el billar ha trascendido su origen cortesano para convertirse en un deporte con una amplia acogida a nivel mundial. Competiciones internacionales, federaciones en decenas de países y millones de aficionados atestiguan la vigencia de un juego que nació en el taller de un artesano hace más de cinco siglos.
